“Lo primero que pensé fue ‘me voy a morir’. Pensaba que no lo iba a superar porque tenía el concepto cáncer=muerte muy arraigado. Sobre todo, pensaba que tenía una hija pequeña de seis años a la que no iba a poder ver crecer, estudiar, reírse… Eso me mataba”.

Quien habla es Vanesa Gómez, 38 años, y una de las protagonistas de Llámalo Cáncer, la campaña de concienciación con la que la Asociación Española Contra el Cáncer quiere plantar cara a la realidad detrás de la palabra.

Y es que, para las personas enfermas y sus familiares, el cáncer es una enfermedad que tiene un gran coste psicológico y emocional. La incertidumbre ante las pruebas y los tratamientos médicos, la necesidad de sentirse querido y comprendido por los demás, la falta de información… Es habitual que genere emociones negativas, como la ansiedad, la tristeza, el miedo o la rabia.

Para ello, es clave entender el proceso emocional que viven las personas afectadas por la enfermedad y brindarles el apoyo psicológico que necesitan.

Miedo al cáncer, cómo afrontarlo

Además: El cáncer le cuesta a España al menos 19.300 millones de euros


La palabra cáncer y su impacto psicológico

La palabra cáncer encierra todavía hoy una serie de connotaciones que hacen que, en muchos casos, se viva como la enfermedad más amenazante de todas (por encima de otras también consideradas como graves).

“Tradicionalmente, el cáncer ha sido una enfermedad que inevitablemente conducía a la muerte. Se intentaba ocultar su diagnóstico e, incluso, mencionar la palabra cáncer para muchas personas sigue siendo complicado. Probablemente, ninguna enfermedad haya soportado un estigma negativo tan fuerte a lo largo del tiempo como el cáncer, de manera que los viejos mitos han persistido a pesar de que, en los últimos años, la investigación, la detección precoz y los tratamientos han avanzado tanto que se ha producido un notable incremento de la supervivencia”, explican las psicooncólogas Carmen Yélamos y Elísabeth Berzal.


Las emociones tras el diagnóstico del cáncer

No es de extrañar, por tanto, que, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (2002), más de la tercera parte de las personas enfermas de cáncer padecen ansiedad y depresión clínicas.

“El cáncer supone un punto de inflexión en la vida de la persona afectada. Se produce un impacto que consta de una serie de fases que comienzan con la experimentación de un shock inicial, negación e incredulidad, seguidas de confusión, sentimientos de impotencia, desesperanza y miedos y, finalmente, una fase de reajuste al diagnóstico”, apuntan.

Cómo afecta el cáncer psicológicamente

Lógicamente, todo ello repercute en cómo ve y se define ahora la persona, en su autoconcepto y su identidad personal. Pasa de ser una persona con una vida ‘normal’ a ser una ‘persona enferma’ o ‘paciente’. Esto puede desencadenar diferentes respuestas emocionales provocadas por la falta de control sobre la situación y los acontecimientos:

  • En función del proceso y fase de la enfermedad, pueden aparecer emociones intensas y desagradables. El miedo, la tristeza o la culpa, pérdida de apetito y alteraciones del sueño, experimentar pensamientos intrusivos sobre el diagnóstico y su impacto en el futuro, dificultades de concentración…
  • También es frecuente la sensación de incredulidad, acompañada de pensamientos como “esto no me puede estar pasando a mí”, que puede desencadenar una negación de todo lo relacionado con la enfermedad.
  • Los tratamientos y sus efectos secundarios provocan, en muchas ocasiones, molestias y limitaciones. Los tratamientos pueden influir en la imagen corporal de la persona, así como en su sexualidad, su fertilidad y su autoestima.

En cualquier caso, los cambios tras el diagnóstico no siempre son negativos. Los valores personales experimentan cambios a raíz del cáncer, que hacen que se contemple la vida desde otra perspectiva. Así, algunas personas que han padecido esta enfermedad verbalizan, incluso, que han aprendido mucho sobre sí mismos y han mejorado su calidad de vida.


Manejar las emociones para enfrentarse a la enfermedad

El modo en que te enfrentas a la enfermedad influye en tu calidad de vida. En este sentido, expresar nuestras preocupaciones es un proceso fundamental para manejar mejor el torbellino emocional que surge en estos momentos.

“Las personas con cáncer y sus familiares pueden tener dificultades para identificar y entender lo que están sintiendo, pero también para comunicárselo a su entorno. En ocasiones, no expresan lo que sienten por miedo a hacer daño a las personas de su entorno o por sentirse culpables de sus propias emociones. Sin embargo, a largo plazo, la falta de comunicación cercana e íntima puede producir más sensación de soledad y aislamiento. Y al revés: generar un clima de confianza, apoyo y comprensión suele promover un estado de calma y bienestar que ayuda a la persona a afrontar este proceso”, aconsejan las expertas en psicooncología de la AECC.

Apoyo psicológico y acompañamiento

Además, recuerdan que recurrir a un psicooncólogo puede ser de gran ayuda a lo largo de todo el proceso de la enfermedad. “La atención psicológica se centra, entre otros aspectos, en reducir el impacto emocional tras el diagnóstico, mejorar la información de los tratamientos, la comunicación y el apoyo familiar y ayudar a resolver los problemas de organización personales… En la fase de supervivencia también se lleva un entrenamiento para mejorar la autoestima, la imagen corporal y la sexualidad, así como recuperar o instaurar hábitos de ejercicio físico y alimentación, realización de actividades sociales o preparación para la incorporación al mundo laboral. Igualmente, la atención psicológica también tiene un papel fundamental en el final de la vida, tanto para el paciente como para los familiares”.

Conoce el servicio de atención psicológica de la AECC

El papel de la psicooncología en el proceso oncológico

Por último, el equipo de psicólogos y psicólogas de la AECC ponen de relieve el papel que juegan otros tipos de ayuda emocional como el voluntariado testimonial y de acompañamiento de la Asociación. “Suponen una fuente de apoyo emocional real que puede ayudar a la persona en este proceso de afrontamiento de la enfermedad. Estar y sentirse acompañado, tener una persona al lado que te escuche y te apoye en el hospital, en casa o a través del teléfono, escuchar el testimonio de una persona que ha pasado por una situación similar… Todo ello ayuda a facilitar la comunicación y la expresión de sentimientos y preocupaciones. Además, el testimonio de una persona que ha vivido esta experiencia representa un modelo de afrontamiento y adaptación a la enfermedad que promueve la participación en la recuperación y rehabilitación de la persona con cáncer”.

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