A muchas personas les resulta difícil convivir con emociones tan cambiantes y tan intensas. Ante situaciones de crisis, las emociones, antes o después aparecerán. No sirve de nada intentar no sentirlas. Cuando las ignoramos o reprimimos, lo que suele ocurrir es que afloran en los momentos menos indicados y de la forma más inapropiada.

Ten presente, que el hecho de que no tengas una actitud positiva no va a afectar a la posible evolución de tu enfermedad, no te sientas culpable por ello. Pero, eso sí, no te abandones a la tristeza y al abatimiento. El modo en que te enfrentas a la enfermedad influye en tu calidad de vida. 

Consejos para gestionar las emociones

Los siguientes consejos te pueden ser útiles: 

1. Expresa lo que sientes

Los sentimientos de tristeza, rabia o temor son tan normales como los de felicidad, sosiego o placidez. Sentirlos no significa ser débil, no te sientas culpable por ello. 

Ten en cuenta que la enfermedad y los tratamientos están provocando situaciones nuevas y difíciles. Sé tolerante contigo mismo y demuéstrate aceptación y respeto, incluso en los momentos en los que sientas mayor debilidad. Es la mejor manera de que la ira, el temor y/o la tristeza pierdan fuerza y comiences a tener un cierto control sobre ellos.  

2. Comparte tus sentimientos

La alegría, el abatimiento, el enojo, el miedo, la sorpresa… son sentimientos que necesitan ser aireados. La mejor forma de conseguirlo es compartirlos con otros. Esto no significa que tengas que expresar tus sentimientos a todos, busca aquella persona o personas de tu confianza para hablar sobre cómo te sientes.  

3. Déjate ayudar

Muchas personas realizan esfuerzos sobrehumanos para controlarse. Les aterra que las emociones hagan su aparición porque no sabrían cómo manejarlas. A menudo, este esfuerzo por contenerse resulta inútil y aumenta la tensión emocional, por lo que el malestar acaba explotando de forma descontrolada (ataque de llanto, furia desmedida, etcétera). Expresa tu malestar cuando este sea todavía de poca intensidad. Hablar te ayudará a darte cuenta de lo que realmente te preocupa y te permitirá tomar la distancia suficiente para poder buscar una solución.  

4. Controla los pensamientos

Las personas reaccionamos de diferente manera ante una misma situación de estrés. No son sólo los acontecimientos los que causan las emociones, sino también nuestra interpretación sobre ellos. Un mismo suceso puede provocar emociones distintas, según como se interprete. Aunque hay situaciones muy problemáticas, suele ser el diálogo interno plagado de pensamientos negativos, poco realistas y exagerados, los que crean y mantienen un sufrimiento innecesario. 

No anticipes problemas que no tienes la certeza que van a ocurrir. Cuando preveas que puedes tener que enfrentarte a una situación difícil, analízala de la forma más objetiva posible para buscar soluciones y prepararte para hacerla frente. Si no te sientes capaz de enfrentarte a ella, busca ayuda. 

5. Activa tu cuerpo y mente

Mantén la mente ocupada en actividades útiles y agradables. La inactividad favorece la aparición de pensamientos negativos.

Podrás enfrentarte mucho mejor a la realidad del cáncer cuando disminuyan los problemas emocionales que lo complican. Por ello, si te sientes especialmente abrumado por la situación, busca ayuda.

Entradas relacionadas