Ojalá la evolución del cáncer dependiera de ser más o menos positivos. Pero no es así: la actitud no cura el cáncer. La evolución de la enfermedad depende de otros factores, como el estadio en el que se detecta o el resultado de los tratamientos. Pese a ello, muchas veces las personas afectadas por cáncer y sus familiares reciben de su entorno ciertos mensajes que, a pesar de ser lanzados con buena intención, acaban siendo muy difíciles de gestionar emocionalmente en una sociedad ya de por sí marcada por la «dictadura de la felicidad».

De hecho, en el servicio de Infocáncer de la Asociación Española Contra el Cáncer, se reciben numerosas llamadas de pacientes que se sienten culpables por no poder desarrollar o mantener una actitud optimista durante todo su proceso. Sin embargo, la realidad, es que nadie es optimista las 24 horas al día. Es natural tener momentos de miedo, de duda, de incertidumbre, tristeza y desesperanza ante algo tan impactante en la vida como un diagnóstico de cáncer.

Para aclarar esta situación que viven muchas familias, las psicólogas Paloma Romero y Nieves Martín han impartido un taller online sobre cómo hacer frente a la dictadura del optimismo, a esa presión que recibe el paciente de estar positivo por parte de su entorno. Estos son algunos de los mensajes claves que trasladaron en el taller.

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Las emociones negativas durante el cáncer, ¿son realmente negativas?

Emociones como la tristeza, el miedo o la ira no solo son esperables en el proceso de cáncer, también son necesarias, ya que cumplen su función. Es por ello que experimentar estos sentimientos no debe verse como algo negativo, ni desadaptativo al al proceso que estamos viviendo. Todo lo contrario, son reacciones normales y ajustadas que, en muchas ocasiones, nos ayudan a tomar mejores decisiones. Eso sí, si su intensidad es excesiva y se mantiene en el tiempo, quizás necesitemos el apoyo de un profesional. Si no, simplemente tenemos que aceptar que en el proceso oncológico, como en la vida, las emociones son cíclicas y pasajeras.

De esta forma, debemos tener en cuenta que:

  • La tristeza ayuda a priorizar y a hacer un buen manejo de las expectativas.
  • El enfado es fundamental para luchar y no conformarse; nos hace pensar en alternativas de afrontamiento.
  • El miedo protege de riesgos y avisa de posibles complicaciones; lo que nos permite prepararnos para hacerles frente.

Positivismo tóxico y cáncer

En ocasiones, inicialmente el paciente no se siente abrumado por estas emociones, sino que se las replantea cuando recibe ciertos mensajes de su entorno. Con la mejor intención, la de hacer sentir bien, nuestros conocidos y familiares intentan “quitar importancia” a la enfermedad con frases como “anímate, podría ser peor, no te agobies”; “tienes que estar fuerte”; “la actitud es muy importante en la curación de tu enfermedad”; “tienes que estar positivo”, etcétera. A veces, estas frases consiguen el efecto contrario: que el paciente además de tener que gestionar su diagnóstico, se sienta culpable por los sentimientos normales que le embargan durante el mismo; y no ser capaz de no estar en todo momento contento y optimista.

Positivismo y cáncer

Estos son algunos de los falsos mitos que es importante desmontar

  1. “Hay muchas cosas peores/ hay quien está peor”. Es un comentario que intenta restar importancia a la situación para evitar angustia, pero lo que consigue es hacer sentir culpable a la persona por sentir emociones que parece que no le toca sentir o porque no se siente afortunado por no estar como otros, pese a estar también en una situación difícil. Ni resta dolor, ni aporta solución.
  2. “Con tu actitud atraes lo negativo”. No puedes evitar tener los pensamientos y emociones que experimentas, es algo que excede a nuestras posibilidades de control. Este tipo de comentarios genera mayor inseguridad a la persona por pensar que su actitud pueda agravar la enfermedad.
  3. “Eres responsable de la felicidad de tu familia”. Si tú caes, caen también tus padres, tus hijos, tu pareja…. Pero tú no generas la tristeza. Es la situación la que genera tristeza tanto a ti como a tu entorno y de eso no tiene la culpa nadie. Es imposible estar siempre fuerte. Por eso, si hay que estar triste, mejor no estar solo; sino apoyarse en la familia compartiendo los sentimientos.

Consecuencias el positivismo tóxico

  • Cuando se tapona la necesidad de desahogo, se aumenta el sufrimiento. Se genera falta de control, impotencia e inseguridad: “No sé qué va a pasar si no consigo ser más positivo”.
  • Problemas de autoestima: “No estoy a la altura de las circunstancias, debería ser mejor”.
  • Culpa: “Las cosas pueden empeorar si no consigo ser más positivo, y será culpa mía”.
  • Responsabilidad injusta: “Tengo que estar bien para que los demás no sufran”.
  • Soledad, nos privamos de la comprensión de los demás. “Mejor no decir nada, porque no van a entenderme”.

Dictadura de la felicidad: cómo vencerla

Desde Infocáncer, nos recuerdan que es importante detectar si estamos siendo una “víctima” de esta dictadura del optimismo, para reenfocar esta situación. En estos casos, solemos tender a:

  • Sentirnos culpables de cosas de las que no tenemos la culpa. Ante la culpa, ser conscientes de que es la enfermedad la que ha cambiado nuestra vida y genera sufrimiento, no tú.
  • Comparas tu actitud con la de otros pacientes y siempre sales perdiendo (cada caso es único y cada proceso y enfermedad también, no caigas en comparaciones poco objetivas y de las que nos conoces todos los datos).
  • Te considerabas fuerte, pero ahora te ves como una persona muy débil (ser fuerte no implica no sentirte vulnerable en ocasiones). No pienses que no eres fuerte por sentir miedo, tristeza, rabia o impotencia. Al contrario, estas emociones significan que eres conscientes de la situación y que tienes una percepción adecuada de la realidad.

Recuerda: Si necesitas compartir tu estado de ánimo, busca alguna persona que te sepa comprender. Da pautas a tus seres queridos sobre qué te ayuda y qué no te ayuda, para que sepan cómo hacerlo.

Consejos si eres un familiar

Si no eres un paciente, sino un familiar, es importante reseñar que tú también vas a pasar por momentos y emociones difíciles y que no tienes que sentirse culpables por ello. Por tanto, acepta que tú también formas parte de una situación difícil y dolorosa y que tus emociones también pueden ser fluctuantes.

Para que puedas ayudar a tu familiar o ser querido enfermo, no intentes imponerle un estado emocional positivo. En estos casos es recomendable aceptar que hay un sufrimiento, que es inevitable.

  • No siempre vas a poder eliminar su dolor, pero sí acompañarle en el dolor.
  • No confundas cansancio con tristeza, ni tristeza con depresión. Estar triste y preocupado ante una enfermedad que se vive como potencialmente amenazante no es estar deprimido, es tener una reacción normal. 
  • No le digas “no digas eso”, sino “entiendo que digas eso”.
  • Si tu familiar quiere llorar, permíteselo, quédate con él en silencio. No intentes cortar el llanto.
  • Pregúntale cómo le puedes ayudar. Tu familiar es quien mejor te va a poder indicar qué es lo que realmente necesita.

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