Son muchos los efectos secundarios derivados de la quimioterapia que afectan a la alimentación del paciente: llagas en la boca, náuseas, estreñimiento, pérdida de apetito y de sabor… En el caso de los niños y niñas con cáncer, estos efectos negativos repercuten, además, en su desarrollo y crecimiento de una forma bastante severa; provocando a menudo desnutrición y otros trastornos.

Uno de los proyectos de investigación que hemos apoyado desde la Asociación Española Contra el Cáncer busca, precisamente, mejorar la alimentación de los niños y niñas que se encuentran en tratamiento. ¿Cómo? Utilizando formatos más atractivos, como recipientes y bandejas llamativos, para influir en la percepción de los niños y animarlos a comer más y mejor.

Quimioterapia y alimentación infantil

La investigación liderada por el Dr. Jordi Navarra, en la que se han utilizado diferentes estrategias novedosas en gastronomía, diseño y psicología de la percepción, ha contado con una experiencia piloto en el Hospital San Joan de Déu de Barcelona. Él mismo nos cuenta los interesantes resultados obtenidos sobre la importancia de cuidar la presentación de la comida en niños que reciben quimioterapia.

¿Cómo valoras esta experiencia piloto y qué resultados se han obtenido?

El proyecto ha durado tres años y los resultados son bastante positivos. En concreto, vimos que los niños y niñas que comían de una bandeja con una presentación más atractiva, mejoraron, entre otras cosas, el estado de ánimo a la hora de afrontar el momento de la comida (un momento negativo, en la mayoría de los casos, considerando los efectos negativos de la quimioterapia). Y, lo más importante, aumentaron su consumo calórico y el peso total de comida consumida diariamente. Esto se consiguió incluyendo tapas en las que se favorecía el “háztelo tú misma/o”, elementos de cartón tipo fast food, juegos que podían realizar con sus acompañantes (por ejemplo, papiroflexia para hacer con parte del papel de la bandeja).

¿Hay previsión de hacerlo extensible a más hospitales?

De momento, podríamos decir que el estudio ha representado una “avanzadilla” en este campo. Para nosotros, lo ideal sería introducir algunas mejoras en las intervenciones que realizamos y volver a probarlas en un grupo poblacional mayor. Nuestra idea también es llevarlo al terreno del cáncer en adultos. En este caso, tenemos la intención de usar estrategias más sutiles que las empleadas en niñas/os (por ejemplo, culinarias, jugando con texturas, sabores…) para aumentar la ingesta calórica de la forma lo más saludable posible.

¿Cómo ha ayudado la Asociación Española contra el Cáncer en el desarrollo del proyecto?

Gracias a la convocatoria de Proyectos Singulares de la AECC, fue posible desarrollar una propuesta como la nuestra, que cae fuera del ámbito de la oncología, el desarrollo de terapias, etcétera. La AECC está haciendo, actualmente, grandes esfuerzos para que los resultados de nuestro estudio se conozcan, animando a que se tome consciencia de lo importante que es la nutrición durante los tratamientos con quimioterapia. También para que se tengan en cuenta ciertos aspectos psicológicos derivados del terrible impacto que este tratamiento supone a la hora de mantener una buena alimentación.

¿Cómo se llegó a la conclusión de que formatos de presentación más atractivos servían de motivación para los niños?

El impacto de nuestra intervención, que incluía, entre otras cosas, presentaciones de comida inspiradas en el fast food, se midió tanto objetivamente (por ejemplo, en términos de ingesta calórica y peso de los alimentos consumidos) como de forma subjetiva y psicológicamente. Para ello, se utilizó una escala psicológica (el cuestionario SAM; del inglés, Self-Assessment Manikin) en los niños que participaron en el estudio para evaluar sus estados emocionales en el momento de comer. Se eligió este cuestionario entre muchos otros porque es extremadamente simple y permite tener una idea rápida aproximada de, entre otras cosas, si la niña o el niño está más o menos contento en el momento de comer, independientemente de su edad. Hay que pensar que el rango de edad de los niños que participaron en el estudio fue bastante grande.

¿Cómo ayuda una adecuada alimentación a sobrellevar la quimioterapia?

Esperamos que los resultados de trabajos como el nuestro (y otros similares) ayuden a las instituciones en el ámbito de la salud a tener en cuenta las necesidades especiales que tienen las personas que reciben quimioterapia a la hora de comer. Los efectos secundarios de la quimioterapia pueden acabar provocando desnutrición, por el hecho de que comer se hace muy dificultoso, en muchos casos. A veces también se observa el efecto contrario (obesidad). Esto último puede ocurrir, por ejemplo, cuando se descuidan los hábitos alimentarios saludables. Intervenciones como la nuestra podrían ayudar a reducir estos efectos negativos de la quimioterapia, haciendo que ésta sea más llevadera.

¿Podría ser un modelo aplicable para inculcar hábitos de vida saludables, por ejemplo, en los colegios?

Completamente. De hecho, me parece una buena idea. Muchos de los problemas que tienen niñas y niños a la hora de comer son debidos al formato y la presentación de estos. Por ejemplo, favorecer que puedan mezclar, a su antojo, los alimentos que les apetezcan (y no se les imponga uno o dos platos únicos) puede ayudar a que se descarte menos comida por “manía” a uno o más ingredientes. A veces, la simplicidad ayuda. Preparar alimentos saludables y presentarlos de una forma sencilla y atractiva no sólo es posible, sino que resulta barato y sostenible. Por ejemplo, la presentación de todos o parte de los alimentos en formato cartón o papel reciclado (que tanto gusta, sea dicho de paso, no solamente a niños, sino también a adultos), inspirándonos en ciertos establecimientos de fast food, reduce el uso de plástico.

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